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  • Teresa

Vulnerabilidad.

Actualizado: jul 26

Vulnerabilidad: Poder ser herido.


Permitirme la vulnerabilidad, es permitirme la posibilidad del dolor. De sentir dolor.

En ocasiones, con la intención de no verme vulnerable, desarrollo una coraza que me protege del posible dolor, negando la exposición, la apertura a una experiencia donde puedo verme dañada.


Si esa actitud la tomo como hábito en las experiencias que conllevan un mínimo de riesgo, mi capacidad de aprendizaje se ve afectada, mi contacto sincero y profundo con el exterior va quedando mermado, y la coraza acaba protegiéndome no sólo del dolor, sino también del amor. La percepción sobre la realidad del presente queda bloqueada. Me acabo desconectando de mi misma y del entorno. No puedo entender en profundidad lo que siento ni lo que sienten los demás, pues esa coraza ha bloqueado mi capacidad de sentir.


Desconectada de mi sentir, me es difícil saber qué quiero, qué necesito. Acaba funcionando sólo una parte de mí, la mente más “racional”. Actúo según sus parámetros, experimento, según sus patrones y me vuelvo una persona mecanizada, sin capacidad de experimentar el amor, pues el miedo al dolor, impera en mi cuerpo y lo bloquea.

Y entonces, mi mente toma dos posibles actitudes consecuencia de mi intolerancia al dolor: hipocondríaco o insensible. ¿Te suena?


Son personalidades que surgen del miedo a ser vulnerables.


Cuando nuestra actitud es hipocondríaca, tendemos a estar alerta ante cualquier señal de dolor o incomodidad. No la sabemos sostener. Nos ponemos en guardia y acabamos desarrollando un estado anímico de ansiedad. Un exceso de preocupación. No soportamos la idea del dolor. Pues para nosotros, es una señal de que algo terrible y sin posibilidad de control me va a suceder. Es una señal que me pone en guardia, en un estado de alerta. Ello me provoca tensión corporal, lo cual agrava mi sensación de vulnerabilidad. Mi respiración se ve afectada y de ahí que disminuya la oxigenación de mi organismo, incluido el cerebro. Mi mente se vuelve más densa, apática y fatigada.


Cuando nuestra actitud es insensible, tendemos a no hacer caso de las sensaciones de dolor que el cuerpo envía. Sigo haciendo y haciendo, sin tener en cuenta que una parte de mi necesita ser atendida, escuchada y mimada. Mi mente ordena a mi cuerpo que no sienta. Que permanezca dura y siga adelante. Que si paro no podré hacer todo lo que tengo que hacer, y por tanto, los demás quedarán sin mi atención. No me lo puedo permitir. Necesito “ser necesitada”. Necesito ser aprobada socialmente. Se establece así el miedo en el cuerpo, miedo a no ser amada. Pues relaciono ser aceptado con “lo útil” que soy para los demás. 


Estas son dos formas de corazas que desarrollamos cuando la experiencia del “dolor” no está aceptada e interiorizada como peaje en esta experiencia humana que es la vida. Cuando dolor, lo relacionamos con debilidad y pérdida de control.


Te invito a abrirte al dolor.


Bajo mi mirada personal, es necesario.


Cuando me permito ser vulnerable, y por tanto dejar espacio al posible dolor en mis experiencias, mi capacidad de sentir se potencia, y la información que recibo a través de las sensaciones es inmensa. Información interna y externa. Ello me ayuda a conectar con lo que necesito y quiero, y con lo que necesita  y quiere mi entorno. La información consecuente de la percepción, es la fuente esencial que nutrirá tu crecimiento personal. Otro tema distinto será la capacidad de gestionar toda esta información, es decir, mantener tu centro. Quizás en otro post, podamos hablar de ello (Diciembre).

Además, cuando me doy permiso para ser vulnerable, me permito una “imperfección”. Se despierta la compasión hacia mí y hacia el resto, me vuelvo auténtica y “Soy” sin los “debería ser”. Me abrazo y me doy calidez en esa vulnerabilidad, y puedo abrazar y ser afectuoso con los demás en su vulnerabilidad. Me conecta con la comunidad, con el entorno, experimentando como entre unos y otros nos cuidamos y nutrimos. Nos humaniza, nos acerca. Nos hace humildes. Nos lleva a una actitud de confianza en nosotros para desarrollar y utilizar todos los recursos internos y externos y sobreponernos a cualquier experiencia que implique dolor. Admitir las limitaciones, las inseguridades, la incertidumbre, es abrazar nuestras sombras y por tanto integrarlas. Y esto me lleva a una conclusión muy conocida de Carl Jung:


“No es posible despertar a la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para evitar enfrentarse a su propia alma.


Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad”.


¿Y tú? ¿te permites la vulnerabilidad? ¿dejas que el otro te perciba “imperfecto”? ¿te dejas abrazar en ese dolor? ¿permites la vulnerabilidad en el otro? ¿la abrazas?


Feliz entrada de otoño, con más cobijo entre los tuyos. Con la valentía de colocarte ante ellos en humildad, conociéndonos y aceptándonos en la más perfecta imperfección.


Permite que tu vulnerabilidad se desnude.


“SÍ. Esto que ves, es oscuro. Pero ES. Existe. Está en mí. Abrázame de todas formas”.




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