Buscar
  • Teresa

Queridas flores,

Actualizado: jul 26

Os dedico este ratito del día. Es festivo. Abril. Llueve.


Os dedico este ratito del día. Es festivo. Abril. Llueve.


¡Qué felices se os ve cuando el agua cae constante y suave sobre vosotras! Noto como gozáis de la tierra húmeda y oscura que nutre vuestras raíces. Puedo ver como os sacudís el polvo de la ciudad y relucís con gotas de agua que avivan vuestros colores. Lo sabéis, la primavera os abre la puerta a ser contempladas. Sin complejos, mostráis vuestras seductoras líneas. Con gracia, os abrís mostrando lo que se ocultó con el frío y la nieve. Ya estáis tímidamente entusiastas, deseosas de crecer y tomar ese sol que no quema. Esos días donde se juega con las temperaturas. A nosotros, los humanos, nos marea tanto cambio. ¡A vosotras os encanta! Rayitos de luz os hacen radiantes y visibles, para que aprecien vuestra belleza. Y la lluvia fresca alimenta vuestras bases.


Definitivamente, la primavera es vuestra estación.

Con la compañía de las flores, el camino enamora por su sencillez. Despiertan emociones con sus colores y aromas. Nos hacen vibrar, nos hacen sentir. Las personas abandonan la mente “hacerosa”, para dar paso a la experiencia de la contemplación. Y si estamos presentes, intensamente presentes, nos pueden tocar el alma y entrar así en un estado hipnótico donde sólo existe la flor -lo observado- y tú -el observador-. Ese momento prolongado provoca una fusión entre ambos llamado meditación.


Eso es meditación: la experiencia de que el observador y lo observado, son uno.


Y es que la belleza de la naturaleza nos puede llevar a lugares profundos, placenteros y transformadores. Nos coloca en un rol donde la apreciación surge fácil, disfrutando de la belleza que se nos presenta, y sin necesidad de poseerla.


Sólo cuando contemplamos sin adueñarnos del objeto observado, surge una vibración amorosa que te lleva a apreciar lo que ves, tal como es. Que te lleva a amar una rosa, tal como es, con pétalos de un rojo intenso y con espinas que te dañan al querer poseerla.


¿Puedes pararte a observar una flor y quedarte en silencio? ¿Puedes disfrutar de las pequeñas propuestas que te da la vida para experimentar felicidad? ¿Puedes abrirte a esa sensación de plenitud y gozo?


Observa. Contempla. Aprecia. Ama.


Todo lo que necesitas para experimentar instantes de felicidad, está ahí.


FELIZ PRIMAVERA.

Teresa.

Con la compañía de las flores, el camino enamora por su sencillez. Despiertan emociones con sus colores y aromas. Nos hacen vibrar, nos hacen sentir. Las personas abandonan la mente “hacerosa”, para dar paso a la experiencia de la contemplación. Y si estamos presentes, intensamente presentes, nos pueden tocar el alma y entrar así en un estado hipnótico donde sólo existe la flor -lo observado- y tú -el observador-. Ese momento prolongado provoca una fusión entre ambos llamado meditación.


Eso es meditación: la experiencia de que el observador y lo observado, son uno.


Y es que la belleza de la naturaleza nos puede llevar a lugares profundos, placenteros y transformadores. Nos coloca en un rol donde la apreciación surge fácil, disfrutando de la belleza que se nos presenta, y sin necesidad de poseerla.


Sólo cuando contemplamos sin adueñarnos del objeto observado, surge una vibración amorosa que te lleva a apreciar lo que ves, tal como es. Que te lleva a amar una rosa, tal como es, con pétalos de un rojo intenso y con espinas que te dañan al querer poseerla.


¿Puedes pararte a observar una flor y quedarte en silencio? ¿Puedes disfrutar de las pequeñas propuestas que te da la vida para experimentar felicidad? ¿Puedes abrirte a esa sensación de plenitud y gozo?


Observa. Contempla. Aprecia. Ama.


Todo lo que necesitas para experimentar instantes de felicidad, está ahí.


FELIZ PRIMAVERA.

Teresa.



SUSCRÍBETE Y RECIBE CADA SEMANA REFLEXIONES Y VÍDEOS DE YOGA