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  • Teresa

Otoño

Actualizado: jul 26


Lo otoñal se siente. La temperatura fresca. El sol asomando algo más tímido. El atardecer que se adelanta. Las hojas de tonos ocres y granates que empiezan a caer sobre el asfalto. El aroma a final de fiesta. Ya no queda apenas rastro de verano, y la gente pasea discretamente por las calles. La naturaleza nos va trasladando el mensaje de que es necesario ir hacia dentro, recogerse y descansar en el calor del hogar, el ambiente exterior se está enfriando.


Preparar nuestro cuerpo para unos meses de interiorización de los sentidos. Despertar interés en los olores de los caldos e infusiones, en el sabor del arroz a fuego lento, en la densidad de las patatas y boniatos, en el calor de unas legumbres.


Nuestra mente inicia un proceso de adaptación a actividades donde el refugio se empieza a hacer imprescindible. Leer, conversar, acariciar y acurrucarse en nuestros sofás. Compartir juegos de mesa. Ayudarnos en las tareas escolares o laborales. Cocinar galletas y bizcochos. Aprender nuevas recetas. Dejarse ver más a menudo en los cines y teatros. Conocer nuevos hobbies. Iniciarte en algún instrumento, idioma o manualidad. Sentarte a crear nuevos proyectos que florezcan en primavera. Crear un plan para alcanzar ese objetivo que se te resiste cada año. Preparar un chocolate a los que te acompañan en casa y meditar en el movimiento constante de la cuchara de madera.


Es el momento. Es la estación donde volvemos a reencontrarnos en la intimidad y nutrimos la relación con nosotros mismos y con los que nos rodean. Reafirmar la unión sanando posibles desacuerdos, tanto en nuestro interior, como en nuestro exterior. Es la época donde dejamos ir patrones que no ayudan. La naturaleza se desprende de lo innecesario. Tú también. Deja ir. Nutre de amor la raíz en estos meses, y visualiza el fruto que nacerá de esa siembra. No olvides que la responsabilidad de que tu vida sea un hermoso jardín, es únicamente tuya. Retira las malas hierbas y abona para que renazcan otras. Es el momento. Es el otoño. Es el inicio a lo profundo.


Tapar con una fina manta a uno de los tuyos que se ha quedado dormido. Eso es nutrir. Prepararte un plato rico en calor y energía, casero, sano. Eso es nutrir. Leer un buen libro, ver una buena película. Eso es nutrir. Regalar un abrazo sin razón a tu pareja y recordarle lo importante que es para ti. Eso es nutrir. Escuchar a tu hijo sin límite de tiempo, jugar con él hasta agotaros. Eso es nutrir. Atender a tus padres sin pretender que sean distintos. Sosteniendo su dolor a ratitos. Soltándolo para no agotarnos. Abrazarnos. Eso es nutrir. Pasear en los momentos de sol. Combinar el silencio con la conversación. Intimidad, escucha, calor, tiempo, respeto.


Y quizás estas “pequeñas” acciones ya las hagas. Sólo quisiera que le pusieras conciencia. Presencia. Que estemos en esos instantes con nuestros sentidos abiertos y receptivos para que esa nutrición sea profunda, que llegue a esas raíces secas del sol del verano y la constante actividad hacia fuera. Que nos miremos en cada instante y nos reconozcamos en ese calor humano.


Feliz interiorización,


Teresa.



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