Buscar
  • Teresa

Los Inicios.

Actualizado: jul 26


Empieza la rutina y con ella empiezan los días clasificados en dos grupos: 

“entre semana” y “fin de semana”.


Durante el verano, esta clasificación se diluye dejando entrar al ocio espontáneamente en cualquier día y hora de la semana, y mostrando una flexibilidad poco común en comparación con el resto del año. Hacemos muy bien esto de “fluir” sin reloj en el día a día veraniego. Nos mostramos relajados y pasivos, dejándonos llevar por el placer y la diversión. 


Estando en ese estado,  no miramos con buenos ojos que, septiembre está por llegar, pues en ocasiones lo relacionamos con el fin del placer. Digo en ocasiones, porque hay quiénes vemos Septiembre como una nueva etapa de inicios, de nuevas oportunidades. Y quisiera escribirte sobre ello, mostrarte lo que para mí significa Septiembre y el inicio de un nuevo curso.


Es uno de los momentos más mágicos del año. Sí, intuyo lo que pensáis algunos. Pero es así para mí. Yo no tengo predilección por la noche vieja y el año nuevo. Apenas lo he celebrado estos últimos años, pues no acabo de conectar especialmente con los “inicios” de algo nuevo. Esa energía se da en mí en Septiembre. Durante los días previos estoy de preparativos, ocupándome de todo lo necesario para que Septiembre empiece de la mejor forma posible según mis valores. Observo qué rutinas llevaré a cabo y reviso si hay que hacer algún cambio. Dejo la “despensa” completamente llena y al día, incluso con reservas. Tanto en la cocina de casa como en los estantes de la escuela de Yoga. Todo en modo “inicio” de un nuevo curso, de una nueva oportunidad. Y disfruto con ello. Me preparo para dar la bienvenida a los amigos o familiares que no veo hace semanas, a los alumnos que han estado de vacaciones, a nuevos alumnos que llegarán. Estoy en modo: BIENVENID@S. Bienvenid@s todos a la rutina.


A mí la rutina me ayuda. Me centra. Me baja a tierra. Mi cuerpo sigue unas dinámicas saludables en la alimentación, el ejercicio y el descanso. Hay unos horarios. Flexibles, pero los hay. La repetición de ciertos comportamientos, crea unos hábitos, y esos hábitos me otorgan un cuerpo mental y físico en equilibrio y conectados entre sí. Ese estado es una semilla para que florezca un Ser que disfrute con las pequeñas cosas del día a día. Es un Ser que no necesita de una espectacular playa de agua cristalina para saber gozar. Puede percibir el placer en cualquier momento de su rutina, en cualquier acción corriente y frecuente de su día a día. Puede sentir la plenitud dándose cuenta de su existencia. Ese estado de YOGA se llama ANANDA, la felicidad sin causa.


El cuerpo físico, mental y energético se ve invadido por una ola intensa de alegría no condicionada a ninguno elemento. La persona permanece en un estado de gozo sobre su propia existencia. Ananda, se aproxima al estado de Samadhi, es un escalón previo. Su proceso es aparecer de forma escalonada en el día a día, y con el tiempo, ese estado puede permanecer largos espacios de tiempo, viviendo así desde una actitud de placer por la vida y su manifestación más sencilla.


La primera vez que experimenté Ananda, fue en una relajación. Mi cuerpo comenzó a llorar de gozo sin yo controlar su explosión. No hubo ningún comentario, ni ninguna circunstancia especial cuando ocurrió. Lloraba de alegría por existir. Esa experiencia, se repitió alguna vez más a lo largo de los años, y fue dejando una huella que me permitió experimentar Ananda en mi día a día. Un gozo por la propia vida.



Este estado, te permite soltar patrones de comportamiento relacionados con el apego, y por tanto, con el sufrimiento. No necesitas de nada ni de nadie para disfrutar de la felicidad. Ese “no necesitar” te permite ser libre en la elección de tus proyectos y relaciones. Y los pasitos que vas dando en tu vida, tienen este carácter juguetón y relajado, donde el resultado de lo que haces no es lo importante. Lo importante es el juego en sí. 


Y quizás te preguntes, ¿podemos acceder a ese estado? La respuesta es SI. Puedes acceder sin necesidad de realizar grandes asanas o largas sentadas de meditación. Es más sencillo de lo que a veces nos quieren hacer ver. Se trata de trabajar tu cuerpo y tu mente semanalmente, liberándola de capas, de corazas, de patrones. Poco a poco. Constante y amorosamente. Permitirte lo nuevo, lo presente, sin condicionamientos. De ir experimentando consciencia en cada gesto, en cada palabra, los sencillos, los diarios, los que no requieren adornos y grandes esfuerzos.


Cuando ese estado de presencia va siendo un hábito, el estado de Ananda puede surgir paseando en un parque, comiendo una fruta, o acariciando a alguien. Es el Ser que se da cuenta de la maravilla y el milagro de la vida. Seguro que alguna vez has tenido un pequeño rayito de Ananda. Si aparece la próxima vez, deja que te bañe y te inunde sin frenarlo. Deja que la sonrisa te posea y las lágrimas aparezcan del puro gozo a ese momento. No te resistas. Quedará grabado en tus células.


Te escribía en el inicio del post, que para mí septiembre era mágico. ¿Ves por qué? En el día a día de la vida, puedes optar por la apatía, la queja y el sufrimiento. O puedes darte la oportunidad de disfrutar de la consciencia, de la presencia en  lo que haces y en sus sencillez. Puedes aprender a ser feliz sin necesidad de nada más que tu propia experiencia de existir. No entres en juicios sobre tu trabajo, tus relaciones, tus proyectos.


Déjate hacer, deja que el cuerpo haga en lo que fluye sin entrar en valoraciones. El pez no se cuestiona porque no es león. Y viceversa. Es lo que ES, sin juicios de valor.


Empieza tu rutina conscientemente. Deja que todo tu ser se entregue a cada acción. Y permítete ser feliz sin necesitar unas condiciones en el entorno especiales. En la sencillez de la presencia, está Ananda. Y lo bonito, es que no necesitas dinero o preparativos. Sólo necesitas PRESENCIA y puedes empezar en este momento.


FELIZ CURSO, FELIZ PRÁCTICA


Teresa

www.dhanaescueladeyoga.net


SUSCRÍBETE Y RECIBE CADA SEMANA REFLEXIONES Y VÍDEOS DE YOGA