Buscar
  • Teresa

El Koala

Actualizado: jul 26

El Koala muere, principalmente, por estrés. Leí sobre ello hace un tiempo. No soy entendida de Koalas, pero el concepto de estrés que hay de fondo, me invita a reflexionar.




¿Qué es el estrés exactamente?


Dicen los expertos que es algo así como una respuesta automática de todas nuestras capacidades (mentales, físicas, emocionales) ante una posible amenaza. Hoy día, podríamos decir, sin embargo, que el estrés es un agotamiento mental provocado por la exigencia de un rendimiento superior al normal. Es decir, actuamos en nuestro día a día como si un depredador nos amenazara si no realizamos todas las tareas que nos pusimos. Tiramos del mecanismo del “estrés” para nuestra vida diaria.


Pongamos ejemplos prácticos. ¿Te parece?


Cuando no llegamos a tiempo a recoger a los niños al cole porque hemos tenido un imprevisto, podemos entrar en ese mecanismo de estrés. Sin embargo, sabemos que podemos realizar unas llamadas avisando, e incluso pedir a otros padres que esperen a que lleguemos. La realidad es, que no es un asunto demasiado importante.


Evidentemente, si esto nos pasa a menudo, tenemos un problema con la gestión del tiempo. Pero si nos pasa puntualmente, no encendamos el mecanismo del estrés. Nadie va acabar contigo o con tu hijo por llegar tarde. No es una circunstancia de vida o muerte. No es necesario entrar en ansiedad. Y a veces, por situaciones así, iniciamos un camino de “corre-corre” que nos acaba provocando estrés hasta llegar a la noche. Y todo empezó por un retraso de apenas 15 minutos.


Es un ejemplo, pero si te paras a analizar en qué momentos te estresas, te darás cuenta que es un acto automatizado. Y que encendemos este botón sin apenas filtrar si la situación es realmente relevante o no.


Y es que la diferencia entre una persona estresada y otra que no, radica principalmente en la actitud que toma ante las mismas circunstancias.


Vivir con serenidad es más fácil de lo que crees. Se requiere soltar actitudes que socialmente nos da “cierto glamour”. A veces tengo la sensación de que las personas nos sentimos más importantes si tenemos una vida muy ocupada y con muchas personas alrededor a las que atender. Quizás sufrimos el síndrome de “si no lo hago yo, quién lo va hacer” ¿Te suena? Es un síndrome en el que las personas nos dedicamos a cuidar de todos porque en el fondo recibimos a cambio algo muy valioso: “soy imprescindible”. No digo que toda la ayuda que ofrecemos a los otros tenga esta naturaleza, pero piénsalo bien, algo de esto hay cuando nuestra dedicación es excesiva. ¿No crees?


No me detengo más en esta herida. Todos tenemos un poquito de ella, es nuestra responsabilidad coger la pelota o no. Y cogerla para vernos y cuestionarnos, a veces es duro y de valientes. Pero que sepas, que para mí no eres más “buena” por todo lo que haces por los otros. Sólo me dejo llevar por cómo me siento cuando estás cerca. Es decir, por lo que eres y transmites, y no por todo lo que haces.


Ese es uno de los pasos más importantes, más relevantes, hacia la serenidad: Soy valiosa por lo que SOY, no por lo que hago. Es difícil mantener una personalidad serena si identifico mi valía con lo que hago. Nunca será suficiente. Y entraré en un bucle sin fondo que me llevará a ese estrés.


Es clave interiorizar esta reflexión, pues de lo contrario, nuestra autoestima quedará determinada por los demás, por aquellos a los que entregamos nuestras acciones, nuestro tiempo.


A continuación te muestro otros aspectos a tener en cuenta.


La impaciencia: pretender la inmediatez. Los procesos son realizados por personas, como tú, como yo. Por tanto, pretender que todo salga rápido y sin dificultades porque así tú lo has creado en tu mente, no es ser muy realista. La paciencia no es esperar, es mantener una buena actitud mientras se espera.


Rigidez: con el tiempo me he dado cuenta que la rigidez en nuestra forma de ver las cosas provoca un estado de ansiedad importante. Entre otras cosas, porque pretendes que todo suceda a tu manera, obviando, de nuevo, la forma de ver y hacer de los demás. Ser flexible te permite una vida más fluida y conciliadora.


El perfeccionismo: vivir con un grado de imperfección. Las personas hiper-perfeccionistas acabamos adoptando estrés por miedo, por ejemplo, a tomar decisiones “incorrectas”. Actuemos aceptando las consecuencias de dicha decisión. Vivir en la duda e incertidumbre, alargando las decisiones, desgasta a tu mente y acabas exhausto sin haber hecho ningún trabajo físico. Otra forma de perfeccionismo llega de la mano de la aceptación de los otros. La creencia de que si no actúo o soy como otros quieren, no me van a aceptar (a amar).


El Control. Vivimos en un mundo donde podemos controlar en un alto grado lo que nos pasa a nosotros, pero no a los demás. Hacemos lo que creamos conveniente para que las situaciones estén acorde a nuestros valores, pero no pretendamos que los demás tengan la misma visión. No somos dueños de las decisiones de otros. La libertad, te lleva a respetar el camino de los demás y del propio mundo. Es realmente estresante intentar controlar las decisiones y actitudes de otros. Y no vale esto de: “bueno, es libre, que haga lo que quiera” y a la vez “castigar” al otro con algún tipo de actitud o acción. Eso es pasar de controlador a manipulador.


Valores/Objetivos. Si te sientes incómodo haciendo ciertas cosas y quieres estar en otro lugar, sentirás estrés. Si tus objetivos no están acorde a tus valores, sentirás estrés. Haz lo que sientas que quieres hacer. Respeta tu escala de valores. Reflexiona sobre este punto.


En definitiva, respira. Practica técnicas que te aporten este estado de calma, aceptación y fluidez. El Yoga es una de ellas.


Observa si tu grado de estrés es aceptable o tienes que cambiar algo (tu cuerpo te habla claro, escúchale). Observa si tienes personas a tu alrededor que no les importa tu estrés y siguen exigiéndote. Y toma decisiones, asumiendo las consecuencias. Recuerda, eres valioso por lo que eres, no por lo que haces. Quiérete mucho, quiérete bien.


Lo que necesita tu alma, lo que anhela, es PAZ. Es tranquilidad. Es confianza. Tu cuerpo te agradecerá este estado y le encantará la sensación de bienestar. Te responderá con salud, energía y agilidad. El cuerpo y tu estado interior no pueden disociarse. Des-unir cuerpo y mente es no entender la complejidad de nuestra existencia.


Deseo que cada vez que enciendas el botón del estrés, reflexiones sobre si realmente es necesario colocar a tu cuerpo en ciertos niveles de exigencia, en esa vivencia de miedo a “no llegar”. Respira y conecta con la confianza, la calma, y de ahí con lo que realmente es importante.


Cuida el día a día, hazte consciente de él, y no dejes que el caos te arrastre. La suma de días llenos de paz y alegría, es el camino a un estado de bienestar y gratitud.


Un abrazo enorme,


Con amor,

Teresa



2 comentarios
SUSCRÍBETE Y RECIBE CADA SEMANA REFLEXIONES Y VÍDEOS DE YOGA